La pieza extraida del horno, aún incandescente, provoca una llama al
ser colocada sobre serrín. El fuego directo sobre ésta, crea una perdida de
oxígeno que reacciona causando variaciones de tonalidad en el esmalte.
Llegado el momento, la pieza se cubre con un recipiente metálico creando
así una atmósfera reductora que “roba”oxígeno al esmalte. Este proceso,
aporta a la obra esa exquisita textura tan característica de esta técnica.
Pasado el tiempo necesario, la pieza se sumerge en agua cambiando a una
atmósfera completamente oxidante. Este paso es muy necesario para cortar
el proceso de reducción e impedir que la pieza quede totalmente negra.
Tras limpiar cuidadosamente el hollín se puede apreciar el resultado
definitivo.